Marco Aurelio Peña

LA DECADENCIA DE LAS FUERZAS LIBERALES NICARAGÜENSES

… el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente

A la memoria de Francisco y Manuel Maldonado

15032479_10155480888274897_1484423924_nEl liberalismo en la historia universal moderna ha sido altamente revolucionario. La filosofía política liberal adquirió cuerpo y forma con los planteamientos de Locke, Montesquieu y Rousseau, padres intelectuales de la visión contractualista del Estado, mejor conocida como el contrato social (también lo es Hobbes). Además de la tesis de que un contrato entre todos los miembros y estratos de la sociedad es lo que justifica la autoridad del aparato estatal, los pensadores liberales convergieron en que la separación de poderes (en legislativo, ejecutivo y judicial, en su sentido clásico) equilibraría las contradicciones del acontecer político y frenaría las fuerzas terribles proclives al poder absoluto. Se elevó la libertad del individuo por encima de toda sujeción y coerción que no fuese legal ni legítima.

     Así pues, el pensamiento liberal nació como una actitud rebelde contra toda forma de poder despótico. Adam Smith concibió que el mejor de los Gobiernos es que el gobierna menos; Lord Acton sentenció que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente; Rousseau concluyó que la soberanía es el ejercicio de la voluntad general; Voltaire escribió que aún estando en desacuerdo con las ideas del otro con gusto daría su vida por defender su derecho a expresarlas. Hombres de ideas, pluma y acción, como D’ Alembert, Diderot, Holbach, Voltaire y Condorcet hicieron un formidable trabajo para difundir en el siglo de las luces (S. XVIII) las ideas más progresistas a través de la Enciclopedia, un movimiento intelectual de alto impacto cuyos escritos hicieron combustión en el proceso revolucionario francés. Las ideas del liberalismo revolucionario francés influyeron poderosamente en el movimiento independentista de los Estados Unidos de América y del resto de países indoamericanos que se sublevaron contra la corona británica, española y portuguesa.

     El retrato de los Robespierre, Saint-Just, Marat, Dantón, Mirabeu, Madame Roland, Sieyés, Fouché, Talleyrand-Perigord, Napoleón Bonaparte y otros, constituye un valioso tratado de conocimientos y experiencias francesas que resume el cuadro humano del acontecer político, con brillantes aciertos y garrafales errores en la toma y conservación del poder político. Conquistas como la libertad de pensamiento, libertad de culto, libertad de expresión, libertad de empresa, Estado laico, igualdad ante la ley, sufragio universal, soberanía popular, democracia formal y Estado de Derecho, fueron frutos del desarrollo de ideas abstractas y concretas cuya aplicación práctica supuso el derrocamiento de la clase aristocrática del poder y, con ello, el fin del Antiguo Régimen (el origen divino del poder, el contubernio Iglesia-Realeza, la nobleza de cuna, la sociedad estamental, etc.), simbolizado con la tan recordada ejecución de la pareja real Luis XVI y María Antonieta, cuyas cabezas fueron desprendidas al filo de la guillotina.

      Entonces, si la concepción liberal del mundo tiene raíces ilustradas, progresistas y revolucionarias, de dimensión histórico-universal, ¿por qué en Nicaragua las denominadas fuerzas liberales se comportan como clases feudales sumidas en la más escandalosa decadencia? ¿Acaso no son capaces los llamados liberales nicaragüenses de asimilar a nivel intelectual y conductual semejante corriente de pensamiento universal? ¿Les es imposible romper las cadenas de un mediocre liberalismo reaccionario, provinciano y conservador?

     Además de Jerez, Zelaya, Darío, Zeledón, Sandino y la valiente generación de jóvenes liberales (como Rigoberto López Pérez y Manuel Díaz y Sotelo), que tomaron la delantera en la lucha contra el régimen militar de los Somoza (dinastía que ensombrece la fenomenología del liberalismo partidario en Nicaragua pues su partido era el liberal nacionalista), son raros y contados los sucesos más recordados de la práctica política liberal nicaragüense que la gente no asocie con los efectos nocivos del cacicazgo y/o caudillaje, la ostentación, el clasicismo, la corrupción, el pactismo, el enriquecimiento ilícito, el desfalco institucional, la malversación de fondos y el saqueo al erario, vicios y maniobras aberrantes que se han conservado en el espíritu de las clases dirigentes nicaragüenses desde la época colonial.

     Era lógico pensar que en Nicaragua las denominadas fuerzas liberales perderían el poder sin tener más alternativa que competir por unos cuantos curules. Son los perdedores en la reconfiguración de las paralelas históricas y no se avizoran en el corto plazo cambios que reviertan sus estrepitosas derrotas electorales. Conducidos por líderes de una bestial codicia han sido objetos de un plan maestro hecho y aplicado con fría  mentalidad maquiavélica por su(s) rival(es): divide y vencerás luego pervierte y re-vencerás. Se necesitarían muchos Coloquios de Lippman para superar su estado actual de escandalosa decadencia y producir políticos de nueva manufactura que capitalicen un estilo de liderazgo de principios, cultura y acción. Los hombres ilustres como Simón Bolívar, Andrés Bello y Francisco Morazán no emergen ahí donde se piensa como conservador, se dice ser liberal y se actúa como caudillo. El sabio socialista José Mujica se parece más a George Washington que cualquier liberal decadente nicaragüense.

     El pensamiento liberal en otros países ha evolucionado a su versión moderna: el social liberalismo, corriente política que aboga por el Estado del Bienestar, el desarrollo social, la justicia social y la equidad en la distribución de la riqueza a través de un gasto público estratégico ante los desajustes del mercado. Se trata de una conciencia liberal depurada que se preocupa por las condiciones de vida de los menos afortunados del sistema y se esfuerza por conciliar los intereses de clase. Por el contrario, en Nicaragua las formas camaleónicas de liberalismo decadente se resisten a desaparecer ante la rueda de la historia; andan por ahí como zombies que caminan sin vida.

     Tener sensaciones oníricas una vez al año con la revolución liberal de 1893 mientras los restantes 364 días se es filibustero y pirata a lo William Walker y Byron Cole no hará que las llamadas fuerzas liberales salgan de su vulgar decadencia mientras en otras partes del mundo el liberalismo progresista e ilustrado es la fórmula del éxito para la toma y conservación del poder político ponderando libertad con equidad. El mundo apenas avanza por algo más que las ideas progresistas de la humanidad que piensa. ¡Las momificadas expresiones del corrompido y camaleónico liberalismo reaccionario, provinciano y conservador, son, a la vez, vectores y síntomas de la escandalosa decadencia de las llamadas fuerzas liberales nicaragüenses!


Marco Aurelio Peña Morales
Maestrante en Economía / Licenciado en Derecho
marcoaurelio@polimates.org
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Justiniano Pérez

EL ROSTRO DEL CAMPEÓN

… en él hay golpes que no se ven y van directo a su interior

14322755_1160213287378204_6429269212398026541_nEl rostro maltratado de este joven nicaragüense, me recuerda los rostros de Carmen Basilio y Rocky Marciano, que siempre ganaban pero terminaban con sus rostros desfigurados.

Son los gajes del oficio pero con el pugilista nuestro, hay más golpes que no se ven y van directo a su interior, a su orgullo ultrajado por su humilde proceder y educación… son los golpes feroces del orteguismo manipulador. Los golpes que llevan una dosis de talco y le desfiguran sistemáticamente su dignidad.

El humillante manejo del orteguismo de vestirlo de colores del partido, de exigirle apego y culto a la personalidad para fines egoístas, partidarios, sin escrúpulos, que afectan la noble imagen de cualquier deporte que se practique con decisión y vocación.


En esa dimensión, el régimen todo lo contamina y el mismo pueblo, hambriento de ídolos, recibe ingenuamente la programada contaminación.


-Justiniano Perez
Militar Retirado
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Maykell Emil Marenco

¿Fue esa gloriosa revolución la madre que nos llevó al triunfo

…o es la madre que, como Saturno, nos devorará?

 1 Nicaragua Sandino 30 años
En palabras de Marco Aurelio, un colega y gran amigo:

“La Revolución es la madre que puede llevar al triunfo a sus hijos, pero también es la madre que, como Saturno, los devora”.

Pierre Victurnien Vergniaud fue un insigne revolucionario francés, quien murió en la guillotina después de ser condenado por sus mismos “compañeros revolucionarios” también fue la primer persona que mencionó esta frase. Fue condenado tras un manipulado juicio por supuesta traición, mismo donde no se aportaron pruebas, sólo acusaciones infundadas.
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Vergniaud pertenecía a la facción revolucionaria de los Girondinos, que se oponían a los miembros de la otra facción revolucionaria más radical, llamada “La Montaña”, cuyos líderes principales eran Maximilien Robespierre, Jean Marat y Georges Dantón quienes ordenaron guillotinar a los líderes girondinos. Aunque la sentencia no plugo en el corazón y conciencia de muchos, poco se hizo por defenderle, pues como mencioné antes, sus mismos compañeros propiciaron todo. Fue entonces que Vergniaud, quien era un gran orador revolucionario, en su alegato defensivo mencionó: “Es de temer que la revolución, como Saturno, acabará devorando a sus hijos”.

Y en efecto, así fue, Marat, Dantón y Robespierre, asesinos de los girondinos, posteriormente fueron condenados a muerte por otros revolucionarios denominados termidorianos, pasando a la posteridad como el hombre que fue devorado por la vorágine criminal de la revolución y evidenciando a costa de su vida todo un espiral de tragedias y traición en sus filas.
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Pero me llama poderosamente la atención las palabras que pronunció el famoso 8 de termidor del año II (26 de julio de 1794) un día antes de su caída y muerte, es decir; el 9 de termidor (27 de julio de 1794).
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Robespierre en su discurso ante la convención pronunció estas interesantes palabras que son fragmentos de uno de sus grandes discursos:
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“¿Hasta cuándo el furor de los déspotas será llamado justicia y la justicia del pueblo, barbarie o rebelión?”

“El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes.”

“Aún así, existe la virtud, os lo aseguro, almas sensibles y puras; existe esa pasión tierna, imperiosa e irresistible, tormento y delicia de los corazones magnánimos; ese horror profundo hacia la tiranía, ese celo que se compadece por los oprimidos, ese amor sagrado a la patria, ese amor aún más sublime y más puro hacia toda la humanidad, sin el que una revolución no es más que un crimen estruendoso que destruye a otro crimen.”

“Se puede derrocar un trono por la fuerza, pero solo la sabiduría puede fundar una república.”

Sea usted estimado que me lee quien tome conciencia de estas palabras, y si le parece familiar o aplicable a nuestro contexto, saque sus propias conclusiones y comentarios. ¿Lo que hoy tenemos es igual a esa gloriosa revolución? ¿Sigue existiendo en nuestros líderes horror hacia la tiranía y amor sagrado hacia la patria? ¿Es necesaria otra revolución? ¿Se irá a repetir la historia? Preguntas hay muchas, pero sólo nosotros seremos la clave para determinar si debemos repetir la historia, o mejor educar a nuestra generación para que con sabiduría e inteligencia funde una verdadera República.
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Y en letras grandes la mayor pregunta que se debe responder a conciencia:
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¿Fue esa gloriosa revolución la madre que nos llevó al triunfo, o es la madre que, como Saturno, nos devorará?

Nota: Termidor o Convención Termidoriana nombres que recibió el periodo de la Revolución francesa que inició tras la caída de Robespierre, el 28 de julio de 1794.


– Ing. Maykell Emil Marenco
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Marco Aurelio Peña

Sobre la Violencia Sociopolítica en Nicaragua

… “La Revolución es la madre que puede llevar al triunfo a sus hijos, pero también es la madre que, como Saturno, los devora”

 

A mi amigo David Alfredo Sánchez

12002978_10154412306809897_5158315395584407609_n¡La historia de Nicaragua se ha escrito con sangre! Nuestros ancestros han tenido que luchar con admirable denuedo y coraje contra amenazas externas movidas por perversas intenciones de conquista, colonización e imperialismo. Desde la resistencia de nuestros antepasados indígenas contra los conquistadores españoles y demás aventureros europeos, pasando por la Guerra Nacional, hasta llegar al conflicto armado contra las intervenciones norteamericanas, no es sino el resumen de la historia de horror que nuestra patria ha vivido frente a las agresiones foráneas. Mucho más lamentable aún: el mismo pueblo nicaragüense en distintas etapas de su historia se ha visto obligado por la fuerza de las circunstancias a desencadenar violentas luchas intestinas cuyo fin ultérrimo ha sido el poder.

Son los golpes de Estado, las guerras civiles y las revoluciones sangrientas que igualan en crueldad el fratricidio de Caín sobre Abel o el de Rómulo sobre Remo. Es como si en la conciencia colectiva del nicaragüense se gestara el anti-nicaragüense. Nicaragua confirma la tesis de que las revoluciones surgen de sociedades altamente conflictivas que no encuentran otra alternativa de equilibrar las contradicciones en su seno, puesto que los intereses pesan más que las razones. No hemos sido la excepción al análisis de la filosofía de la historia cuando nuestros acontecimientos han sido la concatenación lógica de causas y efectos con la misma consecuencia: la violencia engendra violencia. Debemos admitir que hemos obrado al margen de las prédicas altruistas de Jesús de Nazareth y Mahatma Gandhi ya que tristemente la violencia ha sido la partera de nuestra historia. Nicaragua encarna el título de aquella obra del poeta inglés Richard Aldington: “Todos los hombres son enemigos”.

¿Qué resulta de la espiral de violencia sociopolítica?; ¿qué lecciones debemos aprender de los procesos revolucionarios? El emblemático líder chino Mao Tse Tung advirtió que lo más difícil no era derrumbar el mundo viejo sino construir uno nuevo. Nicaragua, que a través de su historia ha sido presa del caudillismo, del cacicazgo, del militarismo, del autoritarismo, del sectarismo y del dogmatismo no pareciera avizorar horizontes de grandeza, puesto que las asechanzas de fuerzas terribles y retrógradas siempre nublan el camino hacia una nación más culta, más próspera, más civilizada. No podremos elevarnos a la conciencia de nuestro propio destino mientras el «culto a lo heroico en la historia» del que tanto escribió Tomas Carlyle se deforme en Nicaragua en el «culto a lo bélico en la historia».

Las insurrecciones armadas en Nicaragua, como muchas vistas en la historia universal, han hecho destacar lo más heroico del ser humano, pero eclipsado por una suerte de “efecto sombra” que también ha hecho brotar lo más abyecto. La lógica del cambio bajo las leyes de la dialéctica se ha cumplido ya que lo heroico, lo romántico, lo místico y lo liberador ha tendido a transformarse en lo ruin, lo interesado, lo malvado y lo despótico. El ajedrecista de la política V. I. Lenin acertó al pensar que las revoluciones surgen de sociedades descompuestas y para nada constituyen gobiernos ideales puesto que dirigen en condiciones de alta tensión, generándose nuevas contradicciones que hay que afrontar con constante estudio, pensamiento y acción. Cuando el espíritu de guerra reaparece sin opción al consenso y la razón, el costo de la mortandad, la destrucción, la desolación y la fragmentación social es inestimable; sus consecuencias repercuten por decenas de años.

“Hemos visto que el verdugo de ideales puede ser el mismo individuo que los recita y que el peor enemigo de una revolución social es el burgués que hay dentro de cada revolucionario”

Ya escribió Rubén Darío –en sus ensayos políticos– que en nuestro país las causas nobles se “cerdifican”. En esto, como en otras cosas, tuvo razón nuestro clarividente pensador literario. Hemos visto que el verdugo de ideales puede ser el mismo individuo que los recita y que el peor enemigo de una revolución social es el burgués que hay dentro de cada revolucionario. En Nicaragua también se han disfrazado de ideales lo que en realidad han sido funestos intereses y depredadoras ambiciones. Sólo hemos podido salir adelante por la romántica convicción de que “nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria, nuestra tierra está hecha para la libertad”.

¿Sabremos los nicaragüenses a estas alturas el mensaje de aquella frase tan sabia que relampagueó en los tiempos de la Revolución Francesa de 1789 (recuérdese a Robespierre, Saint Just, Danton, Madame Roland y otros), que todo proceso revolucionario lleva al triunfo a sus hijos, pero también, como Saturno, los devora?; ¿habremos identificado que en los episodios de violencia sociopolítica ha sido una constante que mientras unos perecen otros se enriquecen?; ¿será que a lo largo de la historia los traidores de grandes ideales y nobles sentimientos han pagado por sus incontables muertes y daños?; ¿seguirán siendo los políticos pinoleros cabezas de un mismo monstruo?; o, en cambio, ¿estamos ad portas de un cambio de generación con una nueva filosofía sociopolitica que eleve a sus máximos principios la razón, la paz, la integridad, la cultura y el desarrollo? Está por verse.

Ciertamente estamos muy lejos de la previsión de Platón cuando escribió en tono sentencioso que las repúblicas serían felices si gobernasen los filósofos o filosofasen los gobernantes. Los hombres de sabiduría por regla general no suelen tomar el poder y desafortunadamente la naturaleza en sus designios indescifrables no pare a cada momento líderes de la casta de Bolívar, Gandhi, Mandela o Mujica. Por consiguiente, es indispensable retroalimentarnos de nuestro inventario de experiencias revolucionarias y es imperativo usar más cerebro que corazón para dar el gran viraje en nuestro destino y no deambular en los caminos de servidumbre. ¡Nicaragua está condenada a ser culta y próspera!


-Lic. Marco Aurelio Peña Morales
Miembro Fundador de Polimates
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Maykell Emil Marenco

Vandalismo pintado de rojo

… El aerosol como símbolo de reforma

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En la urbe se avizoran propuestas poderosas, como nunca antes, que enuncian el cambio que tanto hemos estado esperando; paredes, letreros y autobuses manchados que simbolizan de forma expedita el apoyo a aquellas virtudes artísticas propias de un ser racional cuya capacidad de cavilar lo ubica en la cima de la evolución. Este tipo de arte lo he bautizado como: “realismo retrógrada”…-!Ajá te diste cuenta!, si, así es, acabo de usar sarcasmo en su más pura expresión-.

Tenemos pues a ultranza una “guerra de colores”, mucho spray y poca, realmente muy poca actividad neuronal allí en aquel sitio donde la dialéctica se pierde para luego manifestarse en forma de necedades, y donde cualquier cuento barato forma edificios imaginarios cuya cúspide rebasa los límites de la lógica formal, allí donde una simple sinapsis es sinónimo de utopía.

Quizá suene un poco despectivo, si es así, ¡que bien!, esa era mi intención.

Hoy como ayer la falta de diagnóstico sobre la realidad es un elemento preponderante para saber dónde estamos y hacia dónde vamos. Y bueno, la verdad sea dicha a toda costa, dese entonces al Cesar lo que es del Cesar, y a fulano, bueno a fulano lo que le pertenece, ¿no?

Ante todo lo acaecido es válido preguntarse: ¿estamos en el principio de la crisis, o ya la rebasamos?, ¿formamos parte de una sociedad hipócritamente dirigida, o dirigimos de forma hipócrita nuestra sociedad vociferando una cosa y haciendo otra, criticando y haciendo lo que con vehemencia criticamos? Cual fuere el caso, un elemento a relucir es nuestra brillante casta política.

Esas figuras dotadas de sabiduría, excelsos personajes desinteresados, entregados al servicio público, cuyo afán innegable es el hambre de justicia y deseos  de progreso para la sociedad, seres que desconocen cualquier acto de vandalismo. ¡¿Son lobos viejos de la Política sedientos de lucrarse de forma onerosa?!, ¡MENTIRA!, ¿Quién dice? (Ironía).

Por noción sabemos que el vandalismo se refiere a la inclinación a cometer acciones destructivas contra la propiedad privada o pública, y siendo un poco más técnicos, la RAE nos provee la siguiente definición: Espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana. 

Los vándalos eran un pueblo de Europa central, ubicados en lo que es actualmente Alemania y Polonia, cuyo fragor destructivo era tal que su nombre terminó siendo aplicado a quien comete actos nocivos contra la propiedad ajena, por ello los términos vándalo o vandalismo hoy son un adjetivo peyorativo útil para denotar a la persona o grupo que comete acciones propias de la gente salvaje, y que carece de civilidad.

Pero aterricemos este tema a nuestro escenario sociopolítico. Tenemos por una parte candidatos que figuran desde hace decenios en la palestra política con propuestas nada interesantes, cuya permanencia en el poder añoran mucho más de lo que valoran el autorespeto.

El panorama político va mostrando un determinado orden y va revelando la naturaleza de los distintos actores, lejos de las palabras que de ellos emanen (recuérdese que estamos en período electoral, la fecha más aclamada para practicar las mentiras), lo realmente importante son las acciones concretas. Es innegable que el Nicaraguense consciente y poseedor de capacidad crítica está cansado de todo esto, no hay propuestas jóvenes, no hay elementos que indiquen cambio, ni siquiera puedes observar algo diáfano en su discurso.

Cómo es posible que como “propuesta de cambio” manches y destruyas la propiedad pública, son estas cosas las que te hacen cuestionarte, cuánto hemos avanzado y cuánto de cultura política poseen estos señores, cuya principal característica es su funesta “estrategia de manifestación”. Ahora es cuando la cura se vuelve peor que la enfermedad.

Por supuesto que hay algo positivo que rescatar de todo esto, pues la combinación de todos estos factores por parte de las distintas estrategias nos ofrecen de forma real su más clara consecuencia inmediata; el desplome de su acabado discurso cargado de erística y retórica.¡¿Es acaso esa la propuesta de cambio que queremos?!, ¡¿es esa la cultura política que vamos a seguir legando a las generaciones venideras y que de manera enfermiza hemos venido arrastrando?!…

Traigo a colación una frase que tanto me gusta y considero pertinente para el tema que nos ocupa, una frase de ese hombre que cambió los paradigmas, y que hasta la fecha es un digno ejemplo a emular.

“Pertenezco a una generación que quiso cambiar el mundo, fui aplastado, derrotado, pulverizado, pero sigo soñando que vale la pena luchar para que la gente pueda vivir un poco mejor y con mayor sentido de igualdad” – José Mujíca

… Añoremos entonces desde el fondo de nuestro ser, cambiar el mundo y formar parte de esa propuesta joven que se reuse y reniegue marchar en una sola línea de forma anacrónica, levantándose siempre a pesar de ser aplastados, derrotados o pulverizados.


– Maykell Emil Marenco
Miembro Fundador de Polimates

 

 

 

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Justiniano Pérez

Nuestra Generación de la Postguerra

…una historia que se debe contar con punto y coma

 

11262313_909033889162813_5398745681759768195_nNací en plena Segunda Guerra Mundial, crecí, me eduqué y serví militarmente bajo una dictadura dinástica; 35 años habían pasado desde que vi el sol por primera vez en las minas de oro chontaleñas de El Jabalí en las afueras de Santo Domingo, cuando mi reloj de esa época dejó de avanzar en aquel tiempo lleno de reto y proyección.

Salí al exilio, contribuí al cambio, regresé, y aún vivo en otra dictadura; 37 años han pasado desde aquella transición de una dictadura a la siguiente.

“Me iré de este mundo como hijo de las dictaduras”

Según la voluntad del dictador de turno, ésta última se prolongará por 5 años más para completar 8 lustros y un poco más. Para entonces tendré 78 años y él tendrá 77. Me iré de este mundo como hijo de las dictaduras y él quizás haga las del cruel Pedrarias Dávila, seguir gobernando hasta los 90, aunque ya no pueda ver ni oír más.

Hace algún tiempo, comencé un recuento de nuestro devenir histórico que he titulado: De Pedrarias a Ortega. Ahora creo que tendré tiempo, Dios mediante, de continuar la recopilación que se tornará más demandante en los días por transitar.

Favorecido por las intrigas en su mandato colonial, sólo la Naturaleza pudo con el Gran Justador, como le llamaban al Gobernador español. Había llegado a Nicaragua en 1527 y murió en el poder en 1531 a los 90 años de edad en la antigua León que fundara su víctima, Francisco Hernández de Córdoba.

Ahora, 489 años después en esta era republicana, hay un obstinado mandador, bien protegido, bien seguro y sin un rey a quien reportarse porque él es su propio rey. En 2022 habrá cumplido 43 años de mando desde arriba y abajo con 77 años de edad, un record insuperable en los anales de nuestra triste historia como nación en comparación con nuestro primer gobernante de aquella época que la edad sólo le permitió 4 años de mando cruel.


-Justiniano Perez
Militar Retirado
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